El presidente de Chile, Gabriel Boric, cuestionó duramente la política de Estados Unidos hacia Cuba y anunció que su gobierno enviará ayuda humanitaria a la isla a través del Fondo Chile contra el Hambre y la Pobreza, canalizada mediante Unicef junto a otros países latinoamericanos.
A través de sus redes sociales, el mandatario calificó el bloqueo estadounidense como “criminal” y sostuvo que constituye “un atentado a los derechos humanos de todo un pueblo”. Además, señaló que, pese a las diferencias políticas que puedan existir con el gobierno cubano, nada justifica el impacto que las sanciones generan sobre la población civil, especialmente niños y familias vulnerables.
La ayuda chilena busca atender la crisis energética y social que atraviesa Cuba, marcada por escasez de combustible, apagones y dificultades en servicios básicos como salud y alimentación. Según la Cancillería chilena, el aporte será destinado exclusivamente a programas humanitarios gestionados por organismos internacionales y no al gobierno cubano.
El anuncio también generó reacciones desde Estados Unidos y sectores políticos opositores, que cuestionaron la medida y advirtieron posibles repercusiones diplomáticas. Sin embargo, el Ejecutivo chileno defendió que se trata de una acción solidaria enfocada en aliviar la situación humanitaria que vive la población cubana.
La decisión refleja el complejo equilibrio diplomático del gobierno chileno, que ha criticado tanto el bloqueo económico estadounidense como aspectos del sistema político cubano, intentando separar la ayuda humanitaria del debate ideológico.




