En una audiencia cargada de tensión emocional, Adrián Villar rompió su silencio frente al magistrado encargado de decidir su prisión preventiva por el caso del atropello a la joven Lizeth Marzano.
Durante su intervención, el acusado no solo reconoció la autoría del suceso, sino que expresó un profundo arrepentimiento, calificando el evento como un hecho luctuoso que ha marcado la vida de los deudos y la suya propia.
El juez de la causa fue enfático al señalar que la comisión del delito ya no es materia de discusión técnica, debido a que existen graves y fundados elementos de convicción que acreditan la participación de Adrián en el accidente. El foco de la sesión se centró en la conducta del imputado tras el impacto, específicamente su decisión de abandonar la escena sin brindar auxilio a la víctima.
Adrián Villar: el relato de una fuga inexplicable
Al ser consultado por el juez sobre las razones que lo llevaron a huir del lugar, Adrián mostró una evidente confusión emocional. “No sé qué fue lo que pasó. Mi cabeza me decía que pare y mi cuerpo no obedecía”, declaró el joven ante el tribunal.
Según su testimonio, experimentó una disociación entre su voluntad y sus actos en el momento del siniestro, una respuesta que el magistrado cuestionó directamente al preguntarle por qué no bajó del vehículo para atender a la señorita.
Con voz entrecortada, el procesado se dirigió a los familiares de Lizeth para solicitar su perdón. “Acepto mi responsabilidad y estoy aquí para asumir todo lo que tenga que asumir”, afirmó, intentando mitigar el impacto de sus acciones previas.
Escenario legal
A pesar del pedido de disculpas, la situación jurídica de Adrián es compleja. Al haberse acreditado el primer presupuesto de la prisión preventiva, la defensa se centró en debatir los peligros procesales. La Fiscalía, por su parte, sostiene que la fuga inicial demuestra una falta de voluntad para someterse a la justicia, lo que podría derivar en una medida de internamiento preventivo mientras concluyen las investigaciones por homicidio culposo y omisión de socorro.
La familia de Lizeth, presente de forma virtual, espera que las palabras de arrepentimiento se traduzcan en una sentencia justa que repare, en la medida de lo posible, la irreparable pérdida de la joven.
